Para muchos los inicios de año pueden significar una oportunidad  Y es la perfecta excusa para que te inunden con el discurso de “ser mejor, iniciar tal cosa, tener más”, principalmente en redes sociales donde las personas comparten sus comparten sus rutinas, conductas y hábitos que los han llevado a alcanzar sus objetivos.

Y me lleva a pensar que no existe el progreso, solo creemos que ganamos algo porque realmente no entendemos lo que hemos sacrificado.

No puedes crear algo de la nada, como lo explica el principio de transmutación: es la transformación de un estado de la materia a otro estado de la materia. Lo único que existe es la fantasía de haber ganado.

No compras con dinero, compras con el tiempo que pasas frente al escritorio.

Te comparto esto no con el fin de ser pesimista, sino porque de ahí surgen dos términos que me gustaría discutir. 

El primero es el sacrificio, el cual implica renunciar a algo valioso o importante con el fin de lograr algo más importante. Por ejemplo, una persona podría sacrificar su tiempo libre para estudiar para un examen importante. 

Y segundo el esfuerzo, por otro lado, es el trabajo duro y la determinación que se ponen en algo para lograr un objetivo. Por ejemplo, una persona podría hacer un esfuerzo para entrenar para una maratón.

Ambos sacrificio y esfuerzo pueden ser necesarios para alcanzar ciertos objetivos, y a menudo van de la mano. Sin embargo, el sacrificio implica renunciar a algo, mientras que el esfuerzo se refiere más a la acción y el trabajo que se ponen en algo.

Si entendemos que para obtener algo, innegablemente partimos de la transformación de algún recurso como nuestro tiempo, dinero o energía, es importante reflexionar sobre si lo que estamos sacrificando o poniendo nuestro esfuerzo realmente vale la pena por lo que podríamos obtener.